Descargo

Buenos Aires, 17 de abril de 2012

Sr. Director Diario La Nación

De mi mayor consideración:

En mi carácter de colaboradora y amiga de la Sra. María Kodama desde hace más de 20 años, me dirijo a ud. en respuesta al injurioso artículo firmado por el Sr. Maximiliano Tomas, el lunes 16 del corriente. En primer lugar, considero un acto de cobardía extrema publicar este tipo de discurso calumnioso dos días después de que la esposa de Jorge Luis Borges partiera del país para cumplir con sus obligaciones laborales. Han esperado el momento apropiado para que no pueda defenderse. En cualquier democracia que se precie de tal, debe existir el derecho a la legítima defensa, y con su proceder, ustedes se lo vienen negando desde hace años. Sólo tienen lugar en la prensa las voces ofensivas. Además de que el autor apela a una serie de lugares comunes que no tienen otro objeto que producir un golpe bajo en el lector que no esté empapado en el tema, como compararla con la esposa de un músico con la que sólo comparte el estado civil, hace ostentación de su desconocimiento sobre la tarea que cumplen tanto María Kodama como la Fundación que tiene a su cargo  y que cuida incansablemente desde hace ya 24 años. Desconozco los motivos por los cuales el autor saca a la luz un tema que, como el mismo refiere, viene de larga data, pero jamás lo he visto visitar la Fundación que lleva el nombre del escritor argentino. Si lo hubiera hecho, sabría que somos muchos los que día a día trabajamos a su lado para llevar adelante la afanosa labor que se propone la institución. Somos muchos, sólo que concentrados en nuestro quehacer, resultamos más silenciosos que los pocos adversarios a los que hace referencia y que son mucho mejor recibidos en los medios para difundir bajezas que nosotros para difundir nuestra tarea.

Por otra parte, es ya un tema remanido la diferencia de edad entre los cónyuges en cuestión. En una sociedad que ha avanzado tanto en las libertades personales, resulta por lo menos retrógrado que continúen cuestionando decisiones que hacen a la vida privada de los individuos. También debiera saber que, como ya se ha explicado en infinidad de ocasiones, la reedición de los ensayos vanguardistas, no fue más que la legitimación de un material que circulaba entre investigadores y que sirvió para facilitar el acceso a la obra temprana del escritor. María Kodama nunca lo hubiera hecho si no hubiera contado con la aprobación de Borges para ello. El autor cita cifras sin ninguna fundamentación, y desconociendo, una vez más, las razones que movieron a realizar este cambio editorial. Si María Kodama gana los pleitos en la justicia europea resulta, en primer lugar, porque las leyes le han dado la razón, y en segundo lugar, porque la justicia funciona. Lamentablemente en nuestro país no podemos decir lo mismo. El caso citado en el que la Sra Kodama ha debido recurrir a los tribunales resulta de la labor de un escritor que ha hecho un uso indebido de la obra borgeana, que no necesita que nadie la “engorde”. Le pediría al autor de la nota, revise por favor los criterios de intertextualidad, citación y plagio establecidos por Julia Kristeva en sus trabajos de semiótica desde 1968 a 1978 donde establece los límites para la apropiación textual. También puede dirigirse a la obra de Michel Riffaterre o Harold Bloom quienes han estudiado en profundidad el tema. Ninguno de ellos encuentra que deformar, tergiversar o ampliar una obra ajena sea un acto intertextual.

Perseguir la verdad nunca resulta exagerado. Probablemente sea quijotesco y poco frecuente en el mundo posmoderno donde los valores han entrado en crisis, pero no exagerado. Desde el fallecimiento de Jorge Luis Borges,  María Kodama soporta calumnias constantes e infundadas en silencio. Es una mujer paciente, como el mismo autor lo prueba, que ha esperado dos años para iniciar la demanda, agotando primero otras instancias de diálogo. En este mundo donde la gente opina escondiéndose en el anonimato que otorga el ciberespacio, esperemos a que la justicia tenga la última palabra.

Ruego a usted haga pública esta respuesta, dándome el mismo derecho que le ha dado al autor de esta nota. Desde ya muy agradecida, lo saluda atte.

 

Doctoranda María Gabriela Cittadini

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Una respuesta a Descargo

  1. María Adela Renard dijo:

    Adhiero plenamente a los conceptos de la carta de la Doctoranda María Gabriela Cittadini. El injurioso artículo del Sr. Maximiliano Tomas además de ser una total falta de respeto a la Sra. María Kodama y, por lo tanto a Borges mismo objetando aspectos de la vida privada y permitiéndose cuestionamientos que no le competen, prueba su ignorancia en relación con los criterios y alcances de la intertextualidad.

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